Todo cuerpo desnudo mata la teoría.
(O de cómo las hormigas deducen siempre el estado de las cosas: Diorama.)
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  Por Amaranta Caballero Prado

El artista brasileño Hélio Oiticica, afirmó que quería vivir en un “estado de invención”. A la vez, afirmaba que la invención produce un campo experimental en el que participan la vida cotidiana, el lenguaje, los objetos, los sonidos. Es decir, el campo donde se da cuenta de procesos, encuentros y experimentos.

En Diorama de Rocío Cerón, es notable el trabajo de la palabra como parte de ese estado de invención al que refirió Oiticica: en este libro la palabra a manera de luz, ilumina metáforas e imágenes desde diversos ángulos. A veces de frente, a veces entre líneas, a veces ilumina de manera tal que es posible ver la sombra de las sílabas, rítmicas, unas veces solo por delante y otras por detrás, en Diorama se consigue ver en un mismo verso dos cosas distintas. O escuchar sus siseos. Diorama en ese sentido, también es un bosque. Bosque o selva, a decir de los límites del lenguaje en cuanto a la espesura de un paisaje donde después de la palabra y la metáfora, el lector puede encontrarse con un claro. Al llegar ahí, en la lectura, es cuando comienza a suceder algo. Recuerda al respecto el poeta Eduardo Milán en sus ensayos e insistencias sobre el presente poético.

Diorama está articulado en cuatro partes: Pin Hole, Sobrevuelo, Ciento Doce y Cuerpo vibrátil. Cada una de estas secciones o finas capas, permiten en transparencia -o a ratos, en sonoridad- el trazo ajedreico del bricolage: Movimiento. Ese tipo de belleza a la que aludía Duchamp: “Si en algún momento se puede hacer referencia a ‘lo bello’, no se habla de las formas, no se habla de la estrategia, se habla del movimiento.”

Diseccionemos por ejemplo, asomándonos primero por el Pin Hole de una chapa en puerta vieja:

I. PIN HOLE (agujerito)

X

Ángulos óseos, formas y cuesta donde radica el ritual
Quién teme al aire. Fisura donde hay.  Puerta pulida.
Naturalezas muertas, humo de tabaco.  Cruce. Un poe-
ma es una lima un día bisiesto en 31 de marzo un
esquema mental un pinar.  Retenes silenciosos demar-
can umbral…  Aire, pulmones saturados.  Oxígeno para
abastecer el cuerpo.  Cercanía de pieles ante el viento.
Jaula.

La palabra juega, se retrae. Alude a formas, esquemas mentales: trazos. La palabra inhala, exhala, se satura. La palabra “Aire” que oxigena, la palabra ráfaga, la palabra viento que deviene “jaula”.

En Pin Hole la serie de trece versos alude a lo vivencial, lo referencial, a la infancia, a una suerte de biografía lúdica que se esconde entre las imágenes:

“…Y entre el invierno de milnovecientosetentaydos y el
presagio del dosmildocefindelmundo un día y el otro.
Gramática de Babilonia. Descenso.”

Si bien apenas un guiño, este primer avizoramiento deja claro que el juego de la palabra en cuanto a ritmo y sonoridad, prepara el boceto de un dibujo a lápiz que delimita la estructura del “Diorama”.

II

La segunda parte de este libro, titulada “Sobrevuelo” retrata la posición de la poeta que observa atenta, y que no deja pasar de largo la idea de la representación de la poesía en su relación con lo social, con el entorno, con los contextos cotidianos del horror actual. Cerón dice al respecto: “ un continente a pedazos” para luego aludir al lenguaje, como esa morada que nos contiene: “y todo el castellano vuelve a ser patria, marea.”

No pasa de largo la dolorosa y tan ad hoc cita a pie de página: “Los conocedores apreciarían la delicadeza del sommelier de haberlo enfriado unos grados más, como se templa una nación antes de ser entregada al tirano.” Todo ello como la realidad hirviente que guarda la memoria y que no calla, al contrario, nombra. Cito: “Corte o jaula, un niño duda si volverá su padre.”

Si este “Diorama” tratara de un órgano, humildemente opino que sería el oído. Incluso tendría oreja. A través de caracol, martillo y tímpano, este libro pone atención. No suelta, escucha, incide. Luego ve. Luego habla. Lo cierto es que “Diorama” respira. No, ya no es un bosque, ni la selva, ni su espesura, “Diorama” cobra vida. Suena. Sisea. Se construye en la velocidad con que resbala entre imagen, palabra, lo metafórico y lo transferencial, o el total de lo que entiendo como lenguaje. Quiero decir: lenguajes. Vuelvo a citar:

Conozco el camino por la ofrenda, la ofrenda es mi
lengua que estruja el castellano y no descansa ya en
tierra propia. Conozco el camino, el castellano, la
ofrenda: mi lengua en tierra propia. El camino en tierra
propia, la ofrenda, el castellano, mi lengua ya descansa.

III

La siguiente capa, la siguiente traslúcida pared en este Diorama, se titula “Ciento doce”. Entre pájaros que dormitan, entre partituras, esbozos y caligrafías, la palabra anuncia: “Le explico, el orden alfabético terminará por desaparecer.” Esta parte del libro, fragmentada, articula. Permite una salida ante el hartazgo, ante la desmemoria.

Tratar al lenguaje como el ser que se apropia de una condición o memoria histórica es una de las ideas que este libro siseante comunica. Y luego transporta. Una idea de este “Diorama” también se acerca e hilvana a los bordados de Artur Obispo du Rosario. El artista brasileño que bordó hasta el sin cansancio cada uno de los nombres, de las fechas, de los momentos que alcanzó a reconstruir entre las paredes de su habitación en un centro psiquiátrico. Lleno de color, de movimiento, de vida estructurada entre hilos, metales, maderas y todos los elementos y materiales recuperables a través de su mirada, y a través de la metafísica de los objetos en sí. Volvemos al bricolage. Reconstruimos. Armamos. Experimentamos con todo lo que se pueda experimentar. Cerón aquí, ahora me traduce:

“Observa: escalones calles laberintos favelas / zonas donde la pupila se desmaterializa / manos en-tin-ta-das.”

IV

Cuerpo vibrátil
En este momento inevitable para mi es confesar que para describir de una manera apenas aproximada esta parte de “Diorama”, debería usar mi lenguaje-pájaro. Pero, he de decir que se me ha informado que debo guardar las formas tradicionales de ciertas presentaciones de libros en algunas ciudades. Esto es: no volar. He de decirles también en este momento se debe abrir mucho los ojos.  He de decir que luego de “cuerpo vibrátil”, volar, sí dan ganas. Cito:

Curiosidad intensa: ¿hacia dónde se mueve la imposibilidad,
el interior arenoso de un hombre, el vórtice solar, la visión,
el autismo, la mano posada sobre la núbil rodilla, el cuerpo
celeste no identificado, la ostra, el tiempo, el soplo que
agita apenas el mar Báltico, el cuerpo herido, el progreso,
las violetas, el romero? ¿A dónde se mueven las intensas
partículas de azul Berlín?

Creo a decir verdad, que este libro trata de la relación entre el arte y la realidad. La tradición de lo nuevo. Pájaros y moléculas. De algo efímero que marca. De vibración y trazo. De memoria histórica. De sonidos y lenguas. Partículas. Mandalas. Nunca jaulas. Ópalos. Plumas. Sangre. Desconcierto. Memoria. Movimiento. Trance. Estalactitas. Trance. Corvas pero colores. Nunca límites. Historia. Trance. Aire. Transitorio trance. Todo. Trance. Todo. Transferible. Referencia. El poema no es realidad es un medio. Aquí empieza algo. Los pájaros dan cuenta de ello.

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