Nudo Vortex: la experiencia de construir y deconstruir poemas
Crónica

  Por Adrián Figueroa

Rocío Cerón

En junio de 2014, Rocío Cerón iniciaba un periplo creativo y experimental para construir y deconstruir poemas a través de performances, el cual llegó ayer a su puerto con la publicación del poemario Nudo Vortex.

Fue una experiencia de creación colectiva —poeta, músicos y público—, que comenzó en la Sinagoga de Justo Sierra, en el Centro Histórico, con el proyecto Estudio 71. “Siete artistas intervinieron el espacio y luego me invitaron para hacer lo mismo con una escultura de Saúl Kaminer, mediante una acción poética”.

Y ese fue el inicio de la interacción con el público mediante la lectura poética y la música, añade Rocío Cerón. “Luego vendría un proyecto de experimentación sonora de Radio UNAM, después una presentación en la librería Jaime Torres Bodet de la UNAM, performances donde el público conocía el proceso escritural y era parte del mismo”.

Entonces, agrega, fue ver cómo el poema en esos recitales se atomizaba en el espacio,  se construía, deconstruía, desparecía o emergía con otra sustancia, “era otra cosa”.

Así pasamos los primeros cuatro performances que dieron nacimiento a mismos poemas, con los cuales había ya avance del libro, “pero éste se terminó en el aire, lejos del escenario. En un vuelo México- Londres, la estancia y luego el regreso, escribí los tres poemas restantes”.

VELOCIDADES. Rocío Cerón señala que el poema, al estar en escena, se transforma con el acompañamiento de los músicos Daniel Lara, quien trabaja lo electroacústico y cuencos tibetanos, y Mario del Río, guitarrista metalero; es una conjunción que da tres velocidades a la construcción del poema. “Es como si viajaras en el tren Transiberiano: el primer plano es la rapidez con la que vas; el segundo es lo estático, y el tercero lo evocativo, utópico y poético”

Porque, explica la poeta, “el paradigma del siglo XXI es la velocidad con la que vivimos y las distintas capas que contiene y en cada una hay una gran concentración de lo emocional, del pulso en el corazón y, al mismo tiempo, es una velocidad que te abruma, pero también que te ralentiza y permite evocar para después pensar qué pasa con nosotros, adónde vamos. Esos son los espacios de alto donde está la poesía que cuestiona adónde se dirige el hombre”.

Y entonces, añade, “el resultado es un libro personal, un corte de caja en mi ritmo, fraseo y poética, que además reúne las voces de la gente que escuchó durante este año los perfomances”.
El poemario se presentó ayer, cuando salió a la venta, en el Centro Cultural España con un recital con Rocío Cerón leyendo los poemas, los músicos en el escenario y la bailarina Denisse Cárdenas, de la cual dice la autora, “hace una especie de vocabulario corporal mediante lo que van diciendo los poemas”.

Para mañana, el libro se presentará, sólo con la lectura de los versos y música,  en la Galería León 51 y la séptima será el viernes 24 de julio en ciclo Escritores en Verano, en el Centro Cultural Carlos Fuentes de Acapulco.

“Escribir un poema es pensamiento y deseo”, dice Rocío Cerón, y por eso esta experiencia me deja algo: “Cómo se atomiza un poema en el espacio y luego puede resurgir transformado o ser diferente”.

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